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Francisco López Barrios


LA CAZA, CAPTURA Y MUERTE DE LA ABUELITA HISPÁNICA, EN UNA CASA DE LUJO DE UNA CIUDAD DE LUJO, SOMETIDA A LA MÁS RIGUROSA DE LAS DEMOCRACIAS Y REPLETA DE PADRES HONESTOS Y NIÑOS FELICES



La narrativa española actual, salvo raras excepciones, está falta de ingenio, originalidad y valentía a la hora de tratar temas o ensamblar una historia que sea al mismo tiempo entretenida y verosímil. Pocas son las ocasiones en que la lectura de una novela o un libro de relatos o cuentos provocan en el lector esa inquietud propia del asombro o la conmoción que toda obra de arte debiera ocasionar, y, sin embargo, coincidirán conmigo que muchos son los nuevos autores y las novelas que se apiñan en las librerías, porque el interés de las editoriales no se esencia en la obra de calidad a priori, sino en la oportunidad de vender un producto que deje pingües beneficios.

La cuestión que nos importa, y mucho, está determinada por la calidad del texto, y si se puede complementar con el ingenio y la originalidad del autor, pues mejor que mejor. Lo cierto es que estas capacidades a la hora de construir un discurso narrativo que nos seduzca o embelese desde principio a fin no es muy habitual en los tiempos que corren, salvo contadas excepciones. Así, una obra tras otra, y excepcionalmente, Francisco López Barrios (Granada, 1945) consigue deleitarnos con la pureza de su narrativa, como de lo nuevo lo hace con su último libro, de largo e ingenioso título: La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, en una casa de lujo de una ciudad de lujo, sometida a la más rigurosa de las democracias y repleta de padres honestos y niños felices. Arriesgado título sin duda y complejo, si nos atenemos a su configuración en el limitado espacio de una portada o cubierta de libro. Pero, también en esto, López Barrios ha querido mostrar su capacidad imaginativa y su provocadora mirada al mundo que le rodea.

No es la primera vez que me refiero a este narrador, y cuando lo hice en su anterior entrega de relatos El violinista imposible, no pude sino escribir: «En López Barrios es de suma importancia su capacidad creadora, el poder de fabulación con el que nos sorprende siempre, tan diferente de un libro a otro, tan sugestivo y al mismo tiempo complejo en la estructuración y desarrollo de los relatos…». Esto mismo sirve para este libro de tan largo título. El narrador granadino dosifica, como nos tiene acostumbrados, las diferentes temáticas y argumentos, de manera que, como si se tratara de una obra de filigrana, construye sus relatos con tanto esmero del lenguaje, sea a veces grosero o lírico, según el relato en cuestión, que la medida es exacta, precisa, como la mano de un orfebre en la colocación de tan diminutas piezas.


En este libro, compuesto de seis relatos, el tono burlesco o irónico, el humor, el lenguaje, las temáticas y el desarrollo argumental de los relatos se amalgaman para crear una obra trascendente y única, esencial, honda y reflexiva, capaz de sorprender, diría más, de conmover al lector. Estos son los mimbres de uno de los más grandes narradores actuales de este país que, mientras otros aún se empeñan en emular reproduciendo tics usados hasta la saciedad, él indaga, bucea en la memoria y en la realidad propia para trascenderla y crear otra bien distinta y abrevar de ella lo insondable. López Barrios, una vez más, nos invita a comprobar su capacidad de sorprender, de tal manera que en el relato 
Cosas de hombres, que trata de dos futbolistas y adversarios en el terreno de juego, y que el narrador resuelve, como nos tiene acostumbrados de forma sorprendente; el segundo de los relatos, titulado Éxtasis es, a pesar de su abrupto lenguaje a veces, pero necesario, un homenaje a la juventud, en la que su autor presenta la historia al límite y donde el mestizaje esencia y trasciende la realidad vivida por sus personajes, un ecuatoriano y una española;  La noche de terror del terrorista es un relato extraordinario, en el cual su título ya nos proporciona la clave del relato y en el cual López Barrios nos muestra lo mejor de sí mismo, componiendo una historia digna del creador que es y donde el humor y la ironía, el sarcasmo y el bagaje político y cultural de su autor son elementos definidores de una narrativa diferente, muy alejada de los círculos del poder y la ortodoxia literaria española; el cuarto de los relatos, La plata en el espejo (Cuento Sufí) es, del conjunto, quizá el más cercano a lo poético, lo lírico («Deslizó la mirada sobre el alféizar de la ventana y dejó que abarcase desde la proximidad de los huertos y los olivares hasta la lejanía azul del mar en calma»), contado con el oficio que da la experiencia vivida y que fluctúa entre lo real y ficcional, de manera que su aporte al discurso narrativo avala sobradamente el ingenio y oficio de López Barrios; el quinto relato es el que da título al libro, La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, etcétera, etcétera, y en el cual su autor pone toda la carne narrativa en el asador, a sabiendas de que su valentía y provocación tendrá su repercusión en las estrechas mentes, pero que colmará en mucho a los que tienen la exacta consideración de lo que debe es literario, de esa capacidad creativa que solo anida en los mejores escritores, un relato cargado de una sinceridad poco habitual, donde López Barrios se deja llevar por la verdad literaria, la imaginación y fantasía por encima de todo, lo hondo frente a lo banal, la sabiduría frente a la ignorancia, un relato que nos deja a todos un poco tocados, pero por la varita de la magia de su autor; y, por último, Patera (inmigrantes, invernaderos, occidente benefactor, marroquíes, violencia, mafias, etc.), una historia cercana, cálida y escrita desde la maestría a la que nos tiene acostumbrados su autor y en la cual introduce algunos elementos nuevos que confieren a la historia esa chispa, esa luz capaz de alumbrar la oscuridad literaria que algunos se empeñan en mercantilizar de la manera más incomprensible. Seis historias engarzadas por la excelsa pluma de Francisco López Barrios, que nos devuelve así, la esperanza en la buena literatura, en la palabra escrita como fórmula inequívoca de alcanzar el paraíso que todos deseamos.   



Autor: Francisco López Barrios

Editorial: Dauro (Granada, 2021)

Título: "La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, en una ciudad de lujo, sometida a la más rigurosa de las democracias y repleta de padres honestos y niños felices"

LEER COMO ADICCIÓN. NARRATIVA

 

Salón de Lectura­ __________________ José Antonio Santano

 

Leer como adicción

(Narrativa)

 

         El verano siempre ha sido y es un tiempo propicio para leer. En esta estación del año se hace más frecuente encontrar a los turistas de playa o montaña, asidos a un libro, elegido según los gustos de cada uno. Ese contacto esencial con las páginas de un libro debería atraernos siempre, aunque así no sea, porque los libros contienen algo que a todos nos incumbe: la vida. Con ellos aprendemos, nos divertimos, sufrimos, sonreímos o sollozamos; en cada personaje o en cada pensamiento la vida está presente; podemos vivir lo mismo la Edad Media que la Era espacial, o, adentrarnos en la tragedia de un cáncer o una pandemia. Los libros son, sin lugar a duda alguna, nuestro mejor amigo, dejemos al perro en un segundo término, entre otras razones porque se establece un diálogo, una complicidad. Por ello, y en este comentario, la lectura se convierte en una extraordinaria adicción que deleita y ennoblece, que alarga nuestra vida en la vida de los otros, en un mestizaje solidario, respetuoso y festivo. Y dado que esta adicción ya no tiene vuelta a atrás, pretenden ser las siguientes lecturas que indico un oasis donde descansar del tórrido verano, sea en una playa o en la montaña, pero siempre asidos a un libro, plenos y felices de aventurarnos en sus páginas para ser más libres y más humanos.

        

“La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, en una casa de lujo de una ciudad de lujo, sometida a la más rigurosa de las democracias y repleta de padres honestos y niños felices”

Mis propuestas, de forma resumida, pues de algunas detallaré más adelante en otros medios, las voy a establecer en tres ámbitos fundamentalmente: narrativa, poesía y ensayo. Comenzando por la narrativa, y por ser de los últimos libros recibidos me detengo en uno, de más extenso título que hasta ahora me he encontrado en el panorama literario, “La caza, captura y muerte de la abuelita hispánica, en una casa de lujo de una ciudad de lujo, sometida a la más rigurosa de las democracias y repleta de padres honestos y niños felices”, del escritor granadino Francisco López Barrios, que viene a confirmar el magisterio del autor con un libro compuesto por cinco relatos, entre ellos el que da título al libro, y de los cuales, como aperitivo, me inclino por “La noche de terror del terrorista”, por ser una historia extraordinariamente bien contada y mejor resuelta, que deja al lector con la miel en los labios para continuar leyendo y ahondando en las claves de un autor que conoce bien el oficio y sabe transmitir y construir desde la exquisita fabulación historias inolvidables. “El óxido del cielo”, del escritor cordobés Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957) nos adentra en la magia de lo desconocido y la Naturaleza, para devolvernos la esperanza en el olvidado encanto de los pueblos de interior, de las zonas rurales que a pasos agigantados se están vaciando. En esta ocasión López Andrada nos propone un viaje al “declive y añoranza de la minería”, como reza la portada del libro, y lo hace con esa lumínica manera de escribir que posee, con esa mirada serena y deslumbradora que nos descubre otra realidad desde la nostalgia y el amor a la tierra madre.  El escritor valenciano Rafael Soler nos presenta la reedición de su novela publicada en 1983 titulada “El sueño de Torba”, cuidadosamente editada por Olélibros. A estas alturas no vamos a descubrir quién es Rafael Soler dentro del panorama literario español, sin embargo, sí reiteraré su destacada voz, particularmente distinta del resto de escritores del momento. En cada historia que nos cuenta, sea relato o novela, se distingue al autor por su lenguaje y por la sólida configuración de los personajes, por su dominio del tiempo y del espacio, creando siempre las condiciones más favorables para la lectura, enriqueciendo el acto de leer. Así ocurre en “El sueño de Torba”, donde se entrecruzan historias y donde la terrible incomunicación del tiempo actual, en detrimento de las relaciones humanas a través de los distintos personajes son la esencia narratológica de esta propuesta.  Otra de las citas narrativas imprescindibles es la del novelistas, poeta y crítico granadino Fernando de Villena, con su última entrega “Los nueve círculos”. En ella nos cuenta de Villena, con casi toda seguridad uno de los escritores más prolíficos en lengua castellana, la historia de una ciudad de provincias (Granada) durante las últimas siete décadas, protagonizada por un hombre y una mujer pertenecientes a clases sociales distintas. El magisterio, el estilo y la capacidad narrativa de su autor, Fernando de Villena, es indiscutible. Solo hay que echar un vistazo a toda su trayectoria literaria para comprender que nos hallamos ante una de las voces más destacadas de la literatura española. Así, desde el territorio de la auto-ficción, desde la sabiduría que le otorga su experiencia y su compromiso humano, Fernando de Villena ha escrito unas memorias noveladas, necesarias, que no dejarán indiferente a cualquier lector que a ellas se acerque. Otro de los libros que traemos a este escaparate y continuando con el mismo género anterior, corresponde a “El muchacho pálido”, del narrador, poeta y crítico literario Manuel Jurado López (Sevilla, 1942), que nos presenta la historia del joven Ramón Mengíbar que, tras su paso por el internado de las Escuelas Sagrada Familia de Úbeda, contrae una enfermedad contagiosa que marcará su vida. La evocación de aquel tiempo será el antídoto para su obligada soledad. Un retrato exacto de los internados religiosos masculinos de una época que nos acerca a la verdadera condición humana. La novela histórica es otro de los géneros que bien se adecúa a este tiempo veraniego. Y, “Jaque al Emperador”, del escritor valenciano J.R. Barat (1959), es la elegida.  Su autor nos lleva hasta la primavera de 1808, cuando las tropas napoleónicas invaden España. Nunca  antes el pueblo español estuvo tan unido para expulsar al invasor. Uno de esos protagonistas fue José Romeu, que Barat recupera para historia. El propio Barat declara que Romeu lo “abandonó todo por defender lo que consideraba justo: familia, hacienda y vida”. Este personaje que descubre por casualidad Barat, va a convertirse en el protagonista principal de esta narración, “un hombre maravilloso que encarna lo mejor del ser humano: nobleza, valentía, dignidad y sentido de la justicia”, al que se conoce como el “héroe Romeu” fue quien puso contra las cuerdas al ejército del Emperador Napoleón. Otra de esas narraciones históricas, en este caso, ambientada en la postguerra española, cuando la guerrilla antifranquista actúa en las sierras de Ronda y Grazalema es “Eras la noche”, del escritor gaditano Ramón Pérez Montero (Medina Sidonia, 1958). Su autor ha sabido trasladar a la narración la esencia de ese momento histórico a través de un lenguaje depurado, lumínico, donde la imaginación, aun cuando la novela está basada en hechos reales, trasciende esa realidad para convertirse en una obra en la cual la condición humana aflora en sus múltiples aspectos. Un autor y una novela para tener muy en cuenta. Tal y como se lee en la contraportada de esta novela: “El imposible lenguaje de la noche”, de del escritor Joaquín Fabrellas(Jaén, 1975), se trata de una narración “fragmentaria, dividida en tres partes. Su discurso se mueve ente la novela, el ensayo y el análisis cultural de los años 50 y 60 en la efervescente Nueva York”. El principal personaje de esta historia totalizadora abarcadora en géneros no es otro que el escritor beat Paul Demut, pero sobre todo es la historia del fracaso, de los naufragios de una sociedad noctámbula con melodías de jazz. El espacio y el tiempo contenidos en una narración inusual, atrevida, pero donde la creación (pictórica, cinematográfica, musical o literaria) es expresión, principio y fin del ser humano, con todos los ingredientes propios del discurrir de la vida. Otra de las novelas que ha dado que hablar y que fue merecedora del Premio Valencia de Narrativa es “Pájaros en un cielo de estaño”, del escritor gaditano Antonio Tocornal (San Fernando, 1964). No sitúa su autor en un pequeño pueblo andaluz, Las Almazaras, y en justo en la posguerra. Se narra en ella la capacidad de transformación del ser humano, las relaciones sociales y la fuerza para conquistar lo deseado, sobreviviendo a cuantas vicisitudes presenta la vida. Una nueva forma de narrar, de adentrarse en los recovecos del lenguaje para expresar, de forma rigurosa, aquello que esencialmente corresponde decir. Una furgoneta deteriorada, un forastero pelirrojo y sus dos hijos y una jaula con un pájaro son los elementos narrativos que desencadenarán los acontecimientos que los lugareños vivirán a partir de la llegada de este ser extraño.         Entre el olvidado género del relato encontramos algunos libros muy interesantes que merecen la pena mencionar. Uno de esos libros es “La vida anticipada”, del escritor cordobés Francisco Javier Guerrero (1976), con ilustraciones de Lola Castillo. Para Ángel Olgoso, una de las voces más autorizadas del relato o cuento en España, La vida anticipada “es una obra apabullante, hermosa. Un volumen perfectamente cuajado, repleto de frases redondas, potentes, listas para ser grabadas en bronce; con rumor de letanía, de prisma con destellos incesantes, de molino de pensamientos. Historias que extienden valientemente los límites. Un impresionante libro de relatos”. Un pequeño fragmento podría resumir la fuerza de la palabra, su filigrana: “El presente es un tiempo manchado de cenizas. Tiene bordes afilados y duele”. Luis Lisquete (Villasarracino, Palencia, 1952) nos deja un ramillete de relatos en “La teoría del ímpetu”, que reúne un total de treinta y dos historias. El amor, la venganza, la fatalidad, el destino, y otros tantos temas extraídos de las distintas situaciones existenciales se funden en una prosa locuaz y ágil que hace que el lector mantenga su atención hasta el final de sus páginas.

Andrés Ortiz Tafur

 Con un poder de fabulación extraordinario el escritor Andrés Ortiz Tafur(Linares, Jaén, 1972) nos acerca a su último libro aparecido con el título “El agua del buitre”, publicado por el sello editorial Baile del Sol.Dieciocho son los relatos incluidos en este volumen. Y en honor a la verdad hay que decir que bien armados, coherentes, bien resueltos -diría que explosivos-, ocurrentes y sutiles a un tiempo. Después de sus tres libros de relatos publicados hasta ahora Caminos que conducen a esto, Yo soy la locura y Tipos duros, se confirma con esta cuarta entrega que Ortíz Tafur tiene mucho que contar aún y que su forma de hacerlo atrapan al lector. En último lugar llega a mis manos, recientemente -por lo que me ocuparé de él con más detalle en otro espacio-, “En la Era de Acuario”, del escritor vallisoletano Santiago Redondo Vega (Villalón de Campos, 1958), publicado por la editora Difácil. Como aperitivo, me hago eco de lo dicho en su prólogo por el profesor y poeta Fermín Herrero al referirse a los relatos que componen el libro: “De hecho, vistos así, en su conjunto, me da la impresión de que componen una especie de ópera bufa de nuestro tiempo, a veces en forma de vodevil, protagonizada por neurosis variopintas, con las que atañen a trastornos de la libido a la cabeza  y por las extremidades, a tal punto que parece con frecuencia que la función la dirigiera, bajo su atenta mirada, herr doctor Sigmund Freud, rodeado de una cohorte de ceñudos psicoanalista”.

EL VIOLINISTA IMPOSIBLE




SALÓN DE LECTURA 

      
EL VIOLINISTA IMPOSIBLE

FRANCISCO LÓPEZ BARRIOS


FRANCISCO LÓPEZ BARRIOS


Título: El violinista imposible
Autor:Francisco López Barrios
Editorial:Dauro (Granada, 2019)





JOSÉ ANTONIO SANTANO

JOSÉ ANTONIO SANTANO
 EL VIOLINISTA IMPOSIBLE

Poco antes del abismo todo se transforma y lo desconocido hace acto de presencia. Recordamos entonces el devenir de las cosas sencillas. Desciende el cuerpo a los infiernos que es como regresar a la vida, al origen de la voz y la palabra, dones supremos. Caminar sobre el agua, recorrer las paredes bocabajo, flotar en el aire hasta sumergirnos en el inmenso firmamento o el ajardinado solar de las estrellas. Sólo hay que dejarse llevar por su música interior. Remover las entrañas mismas, buscarse en el vuelo del águila o la corriente de un río, en la copa de un árbol o en el silencio absoluto de un desierto sin nombre. Todo esto y más puede sentir el lector que se adentre en el último libro del granadino Francisco López Barrios, “El violinista imposible”. Con anterioridad ya disfrutamos de la lectura de “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, Premio Andalucía de la Crítica 2016 o de “Amado pulpo”, una narración tan original como transgresora. En López Barrios es de suma importancia su capacidad creadora, el poder de fabulación con el que nos sorprende siempre, tan diferente de un libro a otro, tan sugestivo y al mismo tiempo complejo en la estructuración y desarrollo de los relatos, como así sucede en este magnífico libro. No es casual que López Barrios tome del desván de la memoria aquellos momentos o instantes que marcaron un tiempo y que a la hora de transformarlos en narración vivan de ese inmenso poder del buen escritor: la fabulación, que no es otra cosa que esa capacidad para trascender la realidad y crear otra distinta. Francisco López Barrios trabaja desde el silencio y la soledad, sin encorsetamiento alguno, libre y consciente de que la única manera de vivir pasa por vivir en otras vidas, asumiendo el riesgo que ello conlleva. Cuatro son los relatos contenidos en este libro: “Rashid”, “El violinista imposible”, que da título al libro; “Papaloco” y “Plano corto de moros y cristianos. Memoria, pasión y muerte del morisco Aben Farax”. En el primer relato, el juego sucesivo de imágenes aporta originalidad y oficio en un claro discurso narrativo que crece y crece, elevándose en su descenso, en esa contradicción o anverso y reverso de una misma moneda, como la vida y la muerte, una frente a la otra. Así, López Barrios, en el primer párrafo, nos presenta la realidad premonitoria, la semilla de lo que será luego el fruto, y escribe: «Pocos segundos antes de estrellarse contra el suelo, Martín se sintió como un fardo pesado y ligero. Una sensación extraña, contradictoria. Y oyó mientras volaba, sabiendo que caía irremisiblemente y que muy pronto sería un amasijo de fluidos derramados y vísceras esparcidas, tinta sobre papel de periódico, crujir de huesos quebrados y asombro de transeúntes; oyó, o creyó oír, como en un sueño, el repique de campanas del cercano convento de las Clarisas». ¿Por qué las campanas como recurso, su sonido anunciador de vida o muerte? Esa tensión desde el inicio con la que nos sorprende López Barrios es razón suficiente, la clave de su magisterio narrativo, y que para mí culmina no cuando finaliza el relato sino cuando se inicia: «Martín solo derramó una lágrima en su postrer viaje, y la vio partir hacia el cielo mientras él se desplomaba sobre la tierra». ¿No es sublime? López Barrios ha sabido contener todo lo que una lágrima, una sola lágrima puede ser, principio y fin a la vez: ver cómo la lágrima asciende mientras el cuerpo se precipita, todo un acierto narrativo, una imagen que difícil será que olvide el lector. Pura sugerencia, transparencia y rigor narrativo en quien es un cuentista de raza. En el segundo relato se advierte la necesidad de arbitrar un modelo de narración que intercambie futuro y pasado, presente y futuro, en una especie de alquimia narrativa muy interesante y dinámica. El protagonista de este relato, Israel Cendón, marca el ritmo y la armonía, desde su inicio con la Alhambra al frente: «Porque a Israel Cendón la Alhambra le pareció desde siempre una feminidad densa e intensa por la sensualidad que le sugería el aspaviento de sus torres y cipreses y el aire de zambra de sus ventanas y alféizares» -nos dice el narrador-, hasta el final, que convierte en descubrimiento. La pasión de Israel por la literatura contendrá los espacios y tiempos por los que transcurre el relato, y todo desarrollándose en un ir, hacia el futuro (cuando construye su propio relato, el de una sociedad futura donde los rebeldes y ancianos no tienen cabida, y enfrentada a los revolucionarios literarios a través de sus enormes pompas de jabón de contenido poético), y un venir, hacia el presente del pasado. De ahí que Israel nos muestre a personajes como Alfredo Lombardo, “visionario de barbas luengas y delgadez extrema”, inventor del holograma, estudiante y rico terrateniente de Jáen en la realidad; o como Don Ramón Aparicio, “hombre de paz y coleccionista de tinteros de época, y que obsequiará a Israel con “un tintero de tinta Montblanc, acompañado de una pluma Meisterstück 149 de la misma marca”. Es verano y hace mucha calor, exactamente son las 14:30 horas del día 18 de julio de 1936, y el único lugar donde poder aliviarse de ese calor es el carmen, “paraíso en el que el frescor y la umbría serenaban el espíritu y refrescaban la piel, las venas y el corazón”. Allí en el carmen conoció el niño Israel a “Manuel de Falla, Rusiñol o Ángel Barrios, el joven músico formado en París con Debussy…”. Allí la música como el más grande tesoro, luego el Real Conservatorio de Madrid, concierto de violín con Albeniz en el Escorial, hasta su total consagración como músico. Estamos en Granada, es verano y el calor es sofocante. Israel necesita tocar el violín, quiere que sea aquel himno que descubriera en París, compuesto por Pedro Degeuter y escrito por el poeta Eugenio Pottier. Aquel día de extremado calor Granada enlutaría. Un disparo enfrentaría a un violín con un fusil hasta silenciar la última nota de La Internacional y también la vida de Israel Cendón. Son las 14:30 horas del día 18 de julio de 1936. Con este relato que da título al libro “El violinista imposible”, López Barrios ha sabido componer una verdadera sinfonía y ha devuelto al violinista olvidado, a su carmen, al paraíso, al alma de Granada, y lo ha hecho con el rigor de su escritura y su palabra iluminada. El tercer relato “Papaloco” es una propuesta narrativa distinta, donde el humor y la ironía cabalgan por sus páginas con el oficio del ingenioso narrador que es López Barrios. El Vaticano, la Sierra de Granada, El Grove e Israel, un asno y otros personajes configuran una historia de mafias y espías, de traiciones, y donde el azar es la última pieza que encaja al final de la partida. En el cuarto y último relato nos sitúa en la última batalla acaecida en las Alpujarras entre moros y cristianos. Para este relato, que titula “Plano corto de moros y cristianos. Memoria, pasión y muerte del morisco Aben Farax”, el autor ha necesitado de la documentación necesaria de ese hecho histórico, para luego fabular sobre él y conseguir una narración verosímil, coherente, donde el lenguaje juega un papel de gran significación. Conoce bien López Barrios del hecho social de la convivencia entre culturas y esta consideración se aprecia en el desarrollo del relato. Con todo, López Barrios ha creado la ambientación necesaria en cada uno de los relatos, demostrando así su solvencia y destacada posición en el panorama de la narrativa andaluza y española actual.

EL VIOLINISTA IMPOSIBLE

Sala de Lectura_________________ Por José Antonio Santano


FRANCISCO LÓPEZ BARRIOS
EL VIOLINISTA IMPOSIBLE. FRANCISCO LÓPEZ BARRIOS


Poco antes del abismo todo se transforma y lo desconocido hace acto de presencia. Recordamos entonces el devenir de las cosas sencillas. Desciende el cuerpo a los infiernos que es como regresar a la vida, al origen de la voz y la palabra, dones supremos. Caminar sobre el agua, recorrer las paredes bocabajo, flotar en el aire hasta sumergirnos en el inmenso firmamento o el ajardinado solar de las estrellas. Sólo hay que dejarse llevar por su música interior. Remover las entrañas mismas, buscarse en el vuelo del águila o la corriente de un río, en la copa de un árbol o en el silencio absoluto de un desierto sin nombre. Todo esto y más puede sentir el lector que se adentre en el último libro del granadino Francisco López Barrios, “El violinista imposible”. Con anterioridad ya disfrutamos de la lectura de “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, Premio Andalucía de la Crítica 2016 o de “Amado pulpo”, una narración tan original como transgresora. En López Barrios es de suma importancia su capacidad creadora, el poder de fabulación con el que nos sorprende siempre, tan diferente de un libro a otro, tan sugestivo y al mismo tiempo complejo en la estructuración y desarrollo de los relatos, como así sucede en este magnífico libro. No es casual que López Barrios tome del desván de la memoria aquellos momentos o instantes que marcaron un tiempo y que a la hora de transformarlos en narración vivan de ese inmenso poder del buen escritor: la fabulación, que no es otra cosa que esa capacidad para trascender la realidad y crear otra distinta. Francisco López Barrios trabaja desde el silencio y la soledad, sin encorsetamiento alguno, libre y consciente de que la única manera de vivir pasa por vivir en otras vidas, asumiendo el riesgo que ello conlleva. Cuatro son los relatos contenidos en este libro: “Rashid”, “El violinista imposible”, que da título al libro; “Papaloco” y “Plano corto de moros y cristianos. Memoria, pasión y muerte del morisco Aben Farax”. En el primer relato, el juego sucesivo de imágenes aporta originalidad y oficio en un claro discurso narrativo que crece y crece, elevándose en su descenso, en esa contradicción o anverso y reverso de una misma moneda, como la vida y la muerte, una frente a la otra. Así, López Barrios, en el primer párrafo, nos presenta la realidad premonitoria, la semilla de lo que será luego el fruto, y escribe: «Pocos segundos antes de estrellarse contra el suelo, Martín se sintió como un fardo pesado y ligero. Una sensación extraña, contradictoria. Y oyó mientras volaba, sabiendo que caía irremisiblemente y que muy pronto sería un amasijo de fluidos derramados y vísceras esparcidas, tinta sobre papel de periódico, crujir de huesos quebrados y asombro de transeúntes; oyó, o creyó oír, como en un sueño, el repique de campanas del cercano convento de las Clarisas». ¿Por qué las campanas como recurso, su sonido anunciador de vida o muerte? Esa tensión desde el inicio con la que nos sorprende López Barrios es razón suficiente, la clave de su magisterio narrativo, y que para mí culmina no cuando finaliza el relato sino cuando se inicia: «Martín solo derramó una lágrima en su postrer viaje, y la vio partir hacia el cielo mientras él se desplomaba sobre la tierra». ¿No es sublime? López Barrios ha sabido contener todo lo que una lágrima, una sola lágrima puede ser, principio y fin a la vez: ver cómo la lágrima asciende mientras el cuerpo se precipita, todo un acierto narrativo, una imagen que difícil será que olvide el lector. Pura sugerencia, transparencia y rigor narrativo en quien es un cuentista de raza. En el segundo relato se advierte la necesidad de arbitrar un modelo de narración que intercambie futuro y pasado, presente y futuro, en una especie de alquimia narrativa muy interesante y dinámica. El protagonista de este relato, Israel Cendón, marca el ritmo y la armonía, desde su inicio con la Alhambra al frente: «Porque a Israel Cendón la Alhambra le pareció desde siempre una feminidad densa e intensa por la sensualidad que le sugería el aspaviento de sus torres y cipreses y el aire de zambra de sus ventanas y alféizares» -nos dice el narrador-, hasta el final, que convierte en descubrimiento. La pasión de Israel por la literatura contendrá los espacios y tiempos por los que transcurre el relato, y todo desarrollándose en un ir, hacia el futuro (cuando construye su propio relato, el de una sociedad futura donde los rebeldes y ancianos no tienen cabida, y enfrentada a los revolucionarios literarios a través de sus enormes pompas de jabón de contenido poético), y un venir, hacia el presente del pasado. De ahí que Israel nos muestre a personajes como Alfredo Lombardo, “visionario de barbas luengas y delgadez extrema”, inventor del holograma, estudiante y rico terrateniente de Jáen en la realidad; o como Don Ramón Aparicio, “hombre de paz y coleccionista de tinteros de época, y que obsequiará a Israel con “un tintero de tinta Montblanc, acompañado de una pluma Meisterstück 149 de la misma marca”. Es verano y hace mucha calor, exactamente son las 14:30 horas del día 18 de julio de 1936, y el único lugar donde poder aliviarse de ese calor es el carmen, “paraíso en el que el frescor y la umbría serenaban el espíritu y refrescaban la piel, las venas y el corazón”. Allí en el carmen conoció el niño Israel a “Manuel de Falla, Rusiñol o Ángel Barrios, el joven músico formado en París con Debussy…”. Allí la música como el más grande tesoro, luego el Real Conservatorio de Madrid, concierto de violín con Albeniz en el Escorial, hasta su total consagración como músico. Estamos en Granada, es verano y el calor es sofocante. Israel necesita tocar el violín, quiere que sea aquel himno que descubriera en París, compuesto por Pedro Degeuter y escrito por el poeta Eugenio Pottier. Aquel día de extremado calor Granada enlutaría. Un disparo enfrentaría a un violín con un fusil hasta silenciar la última nota de La Internacional y también la vida de Israel Cendón. Son las 14:30 horas del día 18 de julio de 1936. Con este relato que da título al libro “El violinista imposible”, López Barrios ha sabido componer una verdadera sinfonía y ha devuelto al violinista olvidado, a su carmen, al paraíso, al alma de Granada, y lo ha hecho con el rigor de su escritura y su palabra iluminada. El tercer relato “Papaloco” es una propuesta narrativa distinta, donde el humor y la ironía cabalgan por sus páginas con el oficio del ingenioso narrador que es López Barrios. El Vaticano, la Sierra de Granada, El Grove e Israel, un asno y otros personajes configuran una historia de mafias y espías, de traiciones, y donde el azar es la última pieza que encaja al final de la partida. En el cuarto y último relato nos sitúa en la última batalla acaecida en las Alpujarras entre moros y cristianos. Para este relato, que titula “Plano corto de moros y cristianos. Memoria, pasión y muerte del morisco Aben Farax”, el autor ha necesitado de la documentación necesaria de ese hecho histórico, para luego fabular sobre él y conseguir una narración verosímil, coherente, donde el lenguaje juega un papel de gran significación. Conoce bien López Barrios del hecho social de la convivencia entre culturas y esta consideración se aprecia en el desarrollo del relato. Con todo, López Barrios ha creado la ambientación necesaria en cada uno de los relatos, demostrando así su solvencia y destacada posición en el panorama de la narrativa andaluza y española actual.


Título: El violinista imposible
Autor: Francisco López Barrios
Editorial: Dauro (Granada, 2019)



AMADO PULPO comentada por JOSÉ ANTONIO SANTANO para DIARIO DE ALMERÍA.

AMADO PULPO. FRANCISCO LÓPEZ BARRIOS

      


Son muchas las razones por las cuales la narrativa española se encuentra en un momento tan complejo como anodino. Los narradores no arriesgan en sus textos lo más mínimo y se aferran así a un estado de acomodo y laxitud muy preocupante. Quizá mucho tenga que ver el excesivo mercantilismo al que nos están acostumbrando las editoriales, incapaces de comprometer un buen texto y sí de apoyar otros alejados de la calidad literaria que debe exigírsele. La ausencia de lenguaje literario es tan abrumadora y perpleja que no hay salida sino la del propio despeñadero. Sin embargo, existen ocasiones, pocas, pero existen, en las que un libro se nos presenta delante de los ojos y ya desde la mismísima portada te contagia el deseo de su lectura. Ocurre así con la última novela del escritor granadino Francisco López Barrios.
Si ya en su última entrega “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, libro de relatos merecedor del XXII Premio Andalucía de la Crítica, en la que López Barrios, además de demostrar  sobradamente su capacidad de expresión, adereza sus relatos con ingenio, cierta ironía (frecuentemente olvidada en el panorama actual de la literatura española) y grandes dotes de imaginación y sabiduría, en “Amado pulpo”, novela objeto de este comentario,  hay más de lo mismo, que no es poco, pero sobre todo se añade un elevado porcentaje de riesgo al elegir la temática, así como la dificultad para desarrollarla estructuralmente, sin perder en ningún momento ni el interés ni el hilo conductor del relato. Con una prosa limpia y brillante, una documentación precisa y un magisterio adquirido con el paso de los años, López Barrios nos presenta una obra original, pues no es frecuente encontrar que el protagonista de una novela pertenezca al reino animal, más concretamente, al mundo submarino, tal es el pulpo.
Pero además de esta circunstancia añade otras dos que nos parecen tan hilarantes como afortunadas: un pulpo que oye, sabe leer y escribe, en definitiva, un pulpo humanizado, que comparte indistintamente dos mundos tan distintos y contradictorios como son el animal y el humano. En esa extravagancia discursiva López Barrios revela al lector, de una parte, los beneficios que halla el Pulpo con la lectura, y así escribe: «Leer es una bomba contra las imposturas del Orden y las mentiras de sus secuaces. Y mientras unas veces la lectura te lleva de la mano al Paraíso, otras te conducen desde la soledad hasta la melancolía»; de otra, el descubrimiento de la poesía y los poetas cuando dice: «Creo que si me dieran a escoger entre ser propietario de grandes cuevas submarinas o acumular preciadas conchas de bivalvos, elegiría ser coleccionista de versos. Ellos, los poetas, con sus versos me abrieron las puertas a una comprensión del mundo que la mayoría de los seres humanos desconoce. Y que se refiere al entendimiento de la belleza de lo mínimo y de los máximos, de lo grande y de lo pequeño…Porque es ahí, en la tierna belleza de lo efímero donde se encuentra la delicada música de las Esferas, el radical concierto del Universo».

AMADO PULPO por JOSÉ ANTONIO SANTANO PARA DIARIO DE ALMERÍA
Pero además de un pulpo anormal, en el sentido de poseer habilidades y conocimientos inusuales en los cefalópodos, es también un pulpo que piensa, reflexivo desde el punto y hora que no deja de observar cuanto sucede a su alrededor para comprender mejor el mundo –los mundos- en que vive, extraer las conclusiones pertinentes y entender sus propias contradicciones y diferencias con el resto, por eso sentencia: «la diferencia es un motivo más de soledad entre los seres vivos». En otro orden de cosas es el mar –el agua- un elemento imprescindible en esta narración, lo es como trasunto de la vida, lugar donde desarrolla su aprendizaje el pulpo, pero también símbolo de lo desconocido, lo mágico o lo onírico.
 En esencia, el mundo animal como pretexto para la meditación de cuanto acontece al ser humano, sus ambiciones y sueños, en definitiva, la capacidad de discernir y pensar, algo tan alejado de la realidad puramente animal, y sin embargo, tan presente en esa búsqueda por la esencialidad de la vida, que se vale en parte del amor, en el caso de Antía («Descubrí, en la atracción por Antía, un portalón abierto a horizontes invisibles por amplios y lejanos»), y de la sexualidad en María («Sentí su estremecimiento.
El placer la consumía»). Con todo, López Barrios nos invita a reflexionar sobre dos universos tan disímiles y contradictorios como complementarios, desde el máximo respeto hacia el mundo animal y la convicción de que sólo hay «una estética posible y la única ética justificable eran las de la solidaridad con los seres vivos, con la propia existencia de la Madre Tierra». López Barrios nos convoca así a enamorarnos de la vida, con toda su carga de dolorosa realidad, sí, pero también a no renunciar jamás, en palabras del poeta, «al más viejo de nuestros sueños». Al margen de modas y tendencias literarias actuales, Francisco López Barrios ha sabido construir un personaje y un discurso narrativo inolvidables gracias a su prosa cristalina y brillante, a su ingenio, que lo hace merecedor de estar entre los principales escritores de la literatura española de nuestros días. 



Título: Amado pulpo
Autor: Francisco López Barrios
Editorial: Dauro  (Granada, 2017)                                                                              

Yo soy todos los besos que nunca pude darte




Salón de lectura ___________________________________ José Antonio Santano
Yo soy todos los besos que nunca pude darte

Por circunstancias que no vienen al caso no pude en su día traer a este “Salón de Lectura” mi opinión sobre un libro de relatos tan interesante como extraordinario. Un género, el relato, tal vez olvidado en demasía. Sin embargo, cuando la palabra precisa se encadena a otra hasta formar un corpus sólido y coherente en su estructura, concibiendo forma y fondo como un mismo ente, un ser en toda su magnitud, lo que siente, mejor decir lo que vive el lector es una explosión interior, de manera que conocimiento y emoción se amalgaman hasta convertir ese momento (la lectura) en único e irrepetible. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando el libro que se tiene entre las manos es “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, de Francisco López Barrios y al cuidado editorial de Dauro. Un libro que el año pasado fue merecedor, con toda justicia, del XXII Premio Andalucía de la Crítica en su modalidad de relato. Y dos relatos son los que contiene, a saber: “El Cubanito” y “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, que da título al libro. López Barrios sabe muy bien cómo mover los hilos del lenguaje, adentrarse de lleno en el corazón de las palabras y dibujar, sugerir lo aprehendido hasta colmar de luz toda oscuridad. La prosa de Francisco López Barrios es hermosísima y brillante a la vez, genuina porque bebe de la más grande y culta tradición literaria española, esa que a veces nos recuerda las mejores páginas escritas en lengua castellana. No se trata, pues, de contar una historia determinada, sin más rigor que enlazar una palabra tras otra, sino de cómo se cuenta esa historia, añadiendo así el verdadero valor literario a la escritura. López Barrios, además de poseer sobradamente capacidad de expresión, adereza sus relatos con ingenio, cierta ironía (frecuentemente olvidada en el panorama actual de la literatura española), grandes dotes de imaginación y sabiduría. En la primera propuesta narrativa, el relato titulado “El Cubanito”, se aprecia lo indicado en líneas anteriores. Con un tema que podría parecernos a priori tópico, el magisterio de López Barrios hace que no lo sea. No es sólo el argumento que sustenta la narración con la salida de Cuba de un padre y el hijo, sino el fondo de esa huida hacia adelante, en la búsqueda de un futuro, de una oportunidad para vivir dignamente, salir de la pobreza física y espiritual («Con la pobreza ocurre que te acostumbras a ella y sólo reconoces la mezquindad de sus carencias, la brutalidad de sus limitaciones, cuando te asomas por cualquier circunstancia a otras formas de vida») a la que está sometido todo el pueblo cubano, dejar muy atrás el pasado, en lo que había terminado la Revolución: «Convirtiendo a Cuba en una casa de putas mal amueblada, m’hijo, y lo peor es que su dueño, ciego y sordo, no escucha ya ni las voces del corazón». Una huida que padre e hijo vivirán intensamente, y en la que el amor filial aflora deslumbrador: «Llegué a querer a mi padre como probablemente nunca le había querido. Entendí que detrás de su inquietud se agazapaba un impulso fantástico que, alejándolo de la vulgaridad de su destino, lo transportaba hasta la soledad de los iluminados para hacerlo más grande, más digno de su condición humana: porque siempre conservó la pasión imprescindible, desde los lejanos días de la guerrilla en Sierra Maestra hasta sus recientes peripecias malagueñas, como para inventar el mundo, mirarlo con ojos limpios y sacudir de su existencia las argollas, físicas o psicológicas, que otros disponen para quienes, como él, nacen extramuros del poder, la riqueza o la gloria». López Barrios desarrolla un discurso narrativo apasionante, incluso cuando se trata de retratar la muerte: la del padre («También mi padre huyó primero de ser negro, y de Cuba después. Huyó del miedo, de la pobreza, de sí mismo y de los demás, y encontró a D. Rafael y a los españoles que tanto quería, y aquí quedó para siempre porque adivinó el rostro de la muerte y pareció gustarle» y la del torero Calerito, D. Rafael, el empresario de clubes malagueños. Es la última huida, hacia la muerte como símil del cara a cara entre toro y torero, la principal clave de esta narración sobrecogedora. De otro lado tenemos el segundo relato, que da título al libro, “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”. Si en el primero López Barrios nos seduce con una narración hilarante y dramática a un tiempo, el segundo relato aporta una visión y concepción del mundo que, a pesar de la temática: el incesto, al ser tratada de forma tan sutil, nos parece entrañable. En el fondo (en la forma alude a la fórmula teatral: escenario y personajes) la soledad y el amor, también la muerte se amalgama en esta extraordinaria historia del asesinato de dos mujeres en la ciudad de Málaga. El paisaje de tres escenarios Granada, Málaga y Mojácar, tan cercanos al autor, la presentación psicológica de los personajes y la riqueza del lenguaje expresado en sus páginas conforman un texto inolvidable. Las secuelas de una infancia triste y solitaria del principal personaje (El Acusado) vivida junto al abuelo, militar del régimen franquista, es la clave para entender, la deriva de los afectos, salvada sólo por el extremado amor a la madre: «Mientras, el niño, que ha reanudado su marcha en silencio, observa una acuosa veladura en los ojos de Arquía, acaricia con cuidado preguntas que nadie querrá responderle, espera sin confianza respuestas que llegarán muchos años más tarde y aprende que la violencia y la locura se esconden a menudo entre quienes se reclaman responsables de su definitiva abolición… ». Con estas mimbres ha construido López Barrios un relato tan valiente como elegante, que nos muestra esa parte de la condición humana oculta, capaz de conmocionar hasta límites insospechados. Un libro de relatos que ningún lector que se precie como tal puede dejar de leer y un autor, Francisco López Barios, imprescindible en el panorama actual de las letras españolas.


Título: Yo soy todos los besos que nunca pude darte
Autor: Francisco López Barrios

Editorial: Dauro (Granada, 2015)   

Yo soy todos los besos que nunca pude darte por José Antonio Santano.

Yo soy todos los besos que nunca pude darte

Por circunstancias que no vienen al caso no pude en su día traer a este “Salón de Lectura” mi opinión sobre un libro de relatos tan interesante como extraordinario. Un género, el relato, tal vez olvidado en demasía. Sin embargo, cuando la palabra precisa se encadena a otra hasta formar un corpus sólido y coherente en su estructura, concibiendo forma y fondo como un mismo ente, un ser en toda su magnitud, lo que siente, mejor decir lo que vive el lector es una explosión interior, de manera que conocimiento y emoción se amalgaman hasta convertir ese momento (la lectura) en único e irrepetible. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando el libro que se tiene entre las manos es “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, de Francisco López Barrios y al cuidado editorial de Dauro. Un libro que el año pasado fue merecedor, con toda justicia, del XXII Premio Andalucía de la Crítica en su modalidad de relato. Y dos relatos son los que contiene, a saber: “El Cubanito” y “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”, que da título al libro. López Barrios sabe muy bien cómo mover los hilos del lenguaje, adentrarse de lleno en el corazón de las palabras y dibujar, sugerir lo aprehendido hasta colmar de luz toda oscuridad. La prosa de Francisco López Barrios es hermosísima y brillante a la vez, genuina porque bebe de la más grande y culta tradición literaria española, esa que a veces nos recuerda las mejores páginas escritas en lengua castellana. No se trata, pues, de contar una historia determinada, sin más rigor que enlazar una palabra tras otra, sino de cómo se cuenta esa historia, añadiendo así el verdadero valor literario a la escritura. López Barrios, además de poseer sobradamente capacidad de expresión, adereza sus relatos con ingenio, cierta ironía (frecuentemente olvidada en el panorama actual de la literatura española), grandes dotes de imaginación y sabiduría. En la primera propuesta narrativa, el relato titulado “El Cubanito”, se aprecia lo indicado en líneas anteriores. Con un tema que podría parecernos a priori tópico, el magisterio de López Barrios hace que no lo sea. No es sólo el argumento que sustenta la narración con la salida de Cuba de un padre y el hijo, sino el fondo de esa huida hacia adelante, en la búsqueda de un futuro, de una oportunidad para vivir dignamente, salir de la pobreza física y espiritual («Con la pobreza ocurre que te acostumbras a ella y sólo reconoces la mezquindad de sus carencias, la brutalidad de sus limitaciones, cuando te asomas por cualquier circunstancia a otras formas de vida») a la que está sometido todo el pueblo cubano, dejar muy atrás el pasado, en lo que había terminado la Revolución: «Convirtiendo a Cuba en una casa de putas mal amueblada, m’hijo, y lo peor es que su dueño, ciego y sordo, no escucha ya ni las voces del corazón». Una huida que padre e hijo vivirán intensamente, y en la que el amor filial aflora deslumbrador: «Llegué a querer a mi padre como probablemente nunca le había querido. Entendí que detrás de su inquietud se agazapaba un impulso fantástico que, alejándolo de la vulgaridad de su destino, lo transportaba hasta la soledad de los iluminados para hacerlo más grande, más digno de su condición humana: porque siempre conservó la pasión imprescindible, desde los lejanos días de la guerrilla en Sierra Maestra hasta sus recientes peripecias malagueñas, como para inventar el mundo, mirarlo con ojos limpios y sacudir de su existencia las argollas, físicas o psicológicas, que otros disponen para quienes, como él, nacen extramuros del poder, la riqueza o la gloria». López Barrios desarrolla un discurso narrativo apasionante, incluso cuando se trata de retratar la muerte: la del padre («También mi padre huyó primero de ser negro, y de Cuba después. Huyó del miedo, de la pobreza, de sí mismo y de los demás, y encontró a D. Rafael y a los españoles que tanto quería, y aquí quedó para siempre porque adivinó el rostro de la muerte y pareció gustarle» y la del torero Calerito, D. Rafael, el empresario de clubes malagueños. 












Es la última huida, hacia la muerte como símil del cara a cara entre toro y torero, la principal clave de esta narración sobrecogedora. De otro lado tenemos el segundo relato, que da título al libro, “Yo soy todos los besos que nunca pude darte”. Si en el primero López Barrios nos seduce con una narración hilarante y dramática a un tiempo, el segundo relato aporta una visión y concepción del mundo que, a pesar de la temática: el incesto, al ser tratada de forma tan sutil, nos parece entrañable. En el fondo (en la forma alude a la fórmula teatral: escenario y personajes) la soledad y el amor, también la muerte se amalgama en esta extraordinaria historia del asesinato de dos mujeres en la ciudad de Málaga. El paisaje de tres escenarios Granada, Málaga y Mojácar, tan cercanos al autor, la presentación psicológica de los personajes y la riqueza del lenguaje expresado en sus páginas conforman un texto inolvidable. Las secuelas de una infancia triste y solitaria del principal personaje (El Acusado) vivida junto al abuelo, militar del régimen franquista, es la clave para entender, la deriva de los afectos, salvada sólo por el extremado amor a la madre: «Mientras, el niño, que ha reanudado su marcha en silencio, observa una acuosa veladura en los ojos de Arquía, acaricia con cuidado preguntas que nadie querrá responderle, espera sin confianza respuestas que llegarán muchos años más tarde y aprende que la violencia y la locura se esconden a menudo entre quienes se reclaman responsables de su definitiva abolición… ». Con estas mimbres ha construido López Barrios un relato tan valiente como elegante, que nos muestra esa parte de la condición humana oculta, capaz de conmocionar hasta límites insospechados. Un libro de relatos que ningún lector que se precie como tal puede dejar de leer y un autor, Francisco López Barios, imprescindible en el panorama actual de las letras españolas.



Título: Yo soy todos los besos que nunca pude darte
Autor: Francisco López Barrios
Editorial: Dauro (Granada, 2015)